A 130 km de Capital Federal, se encuentra esta ciudad con ritmo de pueblo. San Miguel del Monte (Monte, para los amigos) tiene un aire colonial, que no escapa a la clásica distribución plaza, municipalidad, iglesia y banco.
Conocimos Monte porque estábamos buscando un lugar para pasar nuestro primer aniversario. Una ciudad chiquita era ideal para un finde largo de relajación y desconexión de la rutina.
Y así, casi sin saberlo, Monte se iba a convertir en nuestro lugar favorito para estar juntos.
Llegamos en combi de corta distancia de la compañía Salerno, que sale desde el obelisco todos los días (pueden chequear horarios en portaldemonte.com.ar) y llega a la plaza «Chicos de Monte». El recorrido tarda aproximadamente 1:30hs.
A Monte fuimos dos veces y las dos nos alojamos en el Hotel El Mirador. Tiene salida directa a la laguna, desayuno incluído, pileta para los días de calor y alquiler de bicis para que pasees por toda la ciudad. El hotel es hermoso y siempre nos trataron de 10.

Para comer nos recomendaron «La Mamma Rosa» y es una recomendación que les pasamos a ustedes. La especialidad de la casa son las pastas y son las mejores del mundo. Vayan con hambre, porque los platos son enormes. Y, como si esto fuera poco, el precio es excelente. Las perfectas BBB: Bueno, Bonito y Barato.
En esta ciudad pasamos 3 días hermosos llenos de lagunas, mates, pastas y sonrisas. En cuanto se terminó nuestra escapada tuvimos ganas de volver. Tales fueron que, 3 años después y con nuestras botas puestas, volvimos por más.
Era el cumpleaños de Cande y de regalo fuimos a nuestro lugar. Misma combi, mismo hotel, más ganas que nunca: habíamos decidido caminar los 11KM de la Av. Costanera y darle vuelta a la laguna.
La caminata duró 2 horas aprox. y, una vez terminada, obvio que nos fuimos a comer. La incomparable Mamma Rosa sería el elegido de la noche así que al mediodía y, para castigarnos, fuimos a «Lo de Juan y Moni«, la parrilla por excelencia de la ciudad. Media parrillada y un budín de pan casero para dejarnos knock out.
Una siesta, unos mates en la laguna y llegó la noche. Listos para ir a por esas pastas incomparables. Pero no antes de pasar por «Les Amis» a tomar una cerveza y empezar a brindar.
Pasó una gran comida y un aún más grande cumpleaños. Al otro día, emprendimos la vuelta a casa. Combi de nuevo al centro, subte y bienvenidos a la realidad. Aún así, San Miguel del Monte nos dió los mejores findes largos de nuestra vida juntos y nos llena de recuerdos. Y, como «no hay dos si tres», seguro nos verá volver una -o unas cuantas- vez más.


