La escapada ideal (o Rosario)

Para los que vivimos en Buenos Aires, es el destino por excelencia de findes largos y no tan largos. Y a eso fuimos. Lo elegimos como destino del finde largo del 12 de octubre del año pasado. Habíamos ido a Rosario con amigos, pero era la primera vez que íbamos juntos.

Fuimos en avión, conseguimos un vuelo muy barato y no lo dudamos. Una hora después de haber salido de Aeroparque ya estábamos en el Islas Malvinas. Para llegar al Centro nos tomamos el Aeromovi que tarda media hora y sale $90 por tramo.

Nuestro departamento lo alquilamos por AirBnB y estaba a 1 cuadra del Blvd. Oroño y a dos de la Costanera. No fue el mejor alojamiento del mundo pero cumplió y estaba muy bien ubicado.

Ya con todo reservado (siempre reservamos todo al menos un mes antes, disculpen la intensidad) nos dedicamos a buscar cosas para hacer y lugares donde comer. Consultamos con lugareños amigos que nos dieron grandes tips, pero, el más repetido e importante fue «coman un Carlitos* en Nicasio«.

*Carlitos: Tostado de jamón y queso con Ketchup.

Parque de la Independencia

Llegamos el 12 de octubre a la noche y, aunque no pensábamos cenar un carlitos, fuimos a Nicasio. El lugar es hermoso, la gente es súper amable y la ambientación es de 10. Tienen espacios al aire libre que hacen que puedas sentarte a disfrutar tanto de día como de noche. Cuando nos trajeron la carta los dos tuvimos el mismo pensamiento «BBQ Ribs (o costillas con barbacoa) y papas fritas». Gran elección: estaban excelentes. De postre, bownie con helado porque por qué no. Una vez llenos y con el corazón contento, nos fuimos a descansar.

Esa escapadita recién empezaba.

Al otro día pusimos botas a la obra y arrancamos derecho para el Parque de las Colectividades. Este parque da inicio a la Av. de la Costa y es el principio de ferias artesanales interminables (o como diría Cande, el paraíso). Chusmeando tranquilos, nos recorrimos toda la feria y, después, empezamos a bajar por la costa. El objetivo: el Parque Nacional y el Monumento a la Bandera. 2,4 kms de sol, mucha gente, río y más ferias. Aunque no lo sabíamos, ese finde se organizó la Comic Con, así que también nos sorprendimos con los disfraces que vimos. La verdad es que el paseo es hermoso y hay cosas para todas las edades: La Flor de Irupé para que juegen los chicos, los espacios verdes para tirarse a tomar mates, una pista de skate para los que aman las tablas y un corredor para hacer el ejercicio que quieras.

Monumento Nacional a la Bandera

Cuando llegamos al Parque ya era hora de comer así que enfilamos derecho a un carrito bien de costanera a pedirnos el mejor sándwich de bondiola. Y otra vez con las pilas recargadas nos fuimos para el Monumento. Imponente por donde lo veas, hay que conocerlo sí o sí. Sus escaleras, sus columnas, su Llama Votiva y sus esculturas son sólo algunos de sus puntos a contemplar. También vale la pena verlo iluminado de noche, aunque tomando precauciones: la zona de la estación fluvial no es súper segura cuando empieza a caer el sol.

Cancha de Newells

Al otro día, preparamos unos mates y enfilamos derecho al Parque de la Independencia que está conformado por 4 plazas en la intersección entre el Blvd. Oroño y la Av. Pellegrini. Adentro, el rosedal y los lagos invitan a quedarse horas al sol. Hay opciones para todo el mundo: Paseos en bote a pedal, plaza para los chicos y, si sos fanático del fútbol en cualquiera de sus formas (Mauro), la cancha de Newells -que se puede visitar gratis- o, por qué no, mirarte un partidito de futsal en vivo.

Fontanarrosa en El Cairo

Y, como amantes de la lectura que somos y fans declarados de «El mundo ha vivido equivocado», no podíamos estar tranquilos en la cancha de NOB sabiendo que estaríamos traicionando al Negro. Por eso, en nuestro último día y ya preparados para partir al aeropuerto, pasamos a desayunar por «El Cairo«, el café de Fontanarrosa, y para comer al fin el tan ansiado «carlitos».

«Historias comunes en un lugar único», reza el lema del bar, que también puede aplicarse a Rosario. Una ciudad común, pero con un ‘no se qué’ que la hace especial.

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