Calentando motores en el Sur (o Bariloche de Trekking)

Hacía 2 años que no nos íbamos de vacaciones y la rutina ya nos estaba pasando factura nuevamente. Ya era hora de empezar a planear algo para desconectarnos un rato.
Somos mucho de mirar pasajes en internet aún cuando no estemos en plan de viajar y fue así como encontramos lo que sería nuestro próximo destino.
Cande no conocía la nieve y a los dos nos gustaba la idea de irnos al sur así que el 3 de junio saldríamos con destino a Bariloche.

La fecha se fue acercando. Ya teníamos nuestro alojamiento, nuestra guía de cosas para hacer, consejos pedidos a los locales y, lo más importante, nuestras botas de trekking listas.

Teníamos planeada una semana a pura caminata.

Nuestro primer objetivo fue el Cerro Otto. Era una tarde fría y húmeda así que nos abrigamos bien, nos calzamos las botas y salimos. Subiríamos a la cima caminando: 7 km por aproximadamente 2 horas.
A medida que empezamos a subir, notamos que éramos los únicos locos haciendo el tramo a pie. La verdad es que tampoco eran muchos los autos que pasaban a nuestros costados. La ruta era nuestra, y en cada curva en ascenso el paisaje se hacía más imponente. Pasados los primeros 3 km y ya llegando al centro de sky «Piedras Blancas» encontramos nuestro primer pedacito de nieve. 4 km después llegamos al punto clave en esta historia: A la famosa confitería del Cerro Otto sólo se llega a través de un funicular que cuesta $400 por persona. Luego de pensarlo por unos instantes (era un gasto que no teníamos pensado para nuestro primer día), nos dimos cuenta que nuestro propósito se había cumplido mucho antes. En cada paso, en cada pausa, en cada vista.
Decidimos retomar y encarar el descenso cuando recordamos que, justo frente a Piedras Blancas, un sendero llegaba hacia el Refugio Berghof y allí fuimos. Sin dudas fue una decisión acertada. A pesar de estar cerrado Diego nos hizo pasar y nos sirvió un chocolate caliente que aún hoy podemos saborear. Con la satisfacción de sentir cómo nuestro cuerpo había recuperado la temperatura deseada, llegamos al departamento sabiendo que ésta iba a ser la primera de muchas caminatas y la primera de muchas experiencias.

Si queríamos ver nieve realmente, sabíamos a dónde teníamos que ir. En el Cerro Catedral encontraríamos toda la que aún no habíamos visto. Tomamos un colectivo desde el centro de la ciudad y, a medida que el ascendía hacia la base del cerro, el lejano blanco de las montañas se acercaba más y más. Cuando llegamos, una ráfaga de viento helado nos dio la bienvenida. Por todos los costados se escuchaban vendedores intentando persuadir a la visita para alquilar ropa de nieve, ya que en la cima «estaba nevando«. La alegría nos abordó de manera tal que corrimos a la boletería para obtener nuestro ticket de ascenso (sólo se podía subir por funicular debido al clima). La vendedora nos advirtió que a causa de los fuertes vientos, nuestra visita podía ser interrumpida en cualquier momento para ser obligados a bajar. Pese a ello, decidimos apostar porque las cosas jueguen a nuestro favor. Y así fue. Arriba todo era blanco y, cada tanto, un viento bajaba de los picos olas de nevada. Como si fuera poco, el cielo comenzó a abrir haciendo aún más mágico el escenario.
Volvimos a casa llenos de alegría, habíamos conocido la nieve.

Dicen que el Cerro Campanario tiene la mejor vista de Argentina y nosotros agregamos que tiene el sendero para peatones más empinado de Bariloche. Pero siempre fieles al trekking por allí nos fuimos. Hacerlo nos llevo aproximadamente 30’ con varias paradas incluidas. El sendero es todo bosque y, a diferencia del Cerro Otto, no ofrece grandes vistas mientras vas subiendo.
Cuando parecía que nos quedábamos sin aliento para llegar a lo más alto, a unos 100 mts de la cima, empezó una lluvia que poco a poco se fue transformando en nieve y nos llenó de aliento para seguir hasta nuestro objetivo.
El Campanario nos regaló no sólo la vista más hermosa de todo nuestro viaje, sino también una impresionante amalgama de condiciones climáticas y, con ellas, diversas sensaciones. Llovizna, Sol, Nieve, todo en cuestión de minutos y de pasos.

La semana que elegimos para irnos no fue la más alentadora en cuanto a pronóstico pero tenemos que reconocer que nos acompañó bastante. O al menos hasta el día que decidimos hacer el Circuito Chico.
De más está decir que teníamos decidido hacer todo a pie y la lluvia no iba a cambiar nuestros planes. Desde el hotel Llao-Llao emprenderíamos la marcha por la ruta 77 para terminar en la cervecería Patagonia. No sin antes hacer parada en Colonia Suiza.
Ese día caminamos más de 16 km y conocimos la playa de de Villa Tacul, los Cerros Llao-Llao, Lopez y Capilla, aguas turquesas, cascadas, un pueblito de encanto y senderos escondidos.
Si bien la lluvia nos jugó una mala pasada, no fue nada que no se pudiera superar con una cerveza, algo para picar y la satisfacción de haber conocido paisajes imponentes y de haber cumplido un nuevo objetivo.

Al planear nuestras vacaciones por Bariloche habíamos decidido visitar por un día Villa la Angostura. Nuestra ruta de trekking sería, esta vez, el sendero del Bosque de Arrayanes.
La verdad que no nos caracterizamos por tener buena suerte por lo que no nos sorprendimos cuando nos encontramos que el bosque estaba cerrado por correntadas.
Pero si hay algo en lo que somos buenos es en improvisar y optamos por caminar hasta el Lago Correntoso. En el trayecto (unos 6km desde Bahía Brava) encontramos varias bajadas a la playa y nos deleitamos con las hermosas vistas mientras bordeábamos la Ruta de los 7 Lagos.
Fue entonces donde entendimos lo que, para nosotros, es la esencia de La Angostura: perderse para encontrarse. Encontrarse con uno mismo ante La Paz de lo que nos rodea y encontrar, también, un sinfín de colores, aromas y texturas en la naturaleza. La belleza en su máxima expresión.

Nuestra semana en Bariloche fue llegando a su fin. Habíamos sumado más de 73 km caminando.

Bajo una intensa lluvia, sobreponiéndonos al viento, superando el frío y soportando el calor, caminamos. Por alcanzar una hermosa vista, la soledad, una atracción turística o un refugio, caminamos. Como deporte, como terapia o como pasatiempo, caminamos. Porque no importa cuán extensa o compleja sea la ruta, porque no importa cuán recurrente o abandonada esté, caminamos. Porque creemos que siempre es mejor hacerlo por nuestros propios medios.
Porque tenemos claro el objetivo y cada paso nos acerca un poco más a recorrer El Mundo a Pie.

*Si estás buscando una guía práctica de Bariloche, hacé click en este enlace.

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