Al planificar tu viaje a Europa seguro hayas pensado en pasar por España (y si no lo hiciste aún, seguro lo vas a hacer). En este país (como en pocos) se presenta una encrucijada: ¿se visita Madrid?, ¿Barcelona?, ¿ambas?
Aquí intentaremos dar nuestra humilde opinión acerca de esta dicotomía. Para nosotros, no puede entenderse y disfrutarse una sin conocer la otra.
Si bien la mayoría de los que viajan a España llegan a la capital, muchos cruzan hacia su principal rival turística (y deportiva) dentro del país: Barcelona. Quizá sea un poco por sus playas o por las huellas de Gaudí que suele captar mayores expectativas a la hora de visitar España. Pero para nosotros Madrid tiene tantas ofertas y tanta frescura que equipara el aire veraniego de Barcelona.
Parte de esa fuga de viajeros a la capital de Catalunya también se debe -al menos en los últimos años- al fenómeno futbolístico-cultural que significa el Barcelona Fútbol Club. España es, de por sí, un país con gran afición al deporte. En especial por el fútbol, sobre el cual ha desarrollado una identidad de juego que posicionó a su selección entre las mejores del mundo. El Barcelona y el Real Madrid son sus dos grandes pilares y representan una de las rivalidades más importantes de la historia del deporte mundial. Pero así como estas dos potencias ofrecen sus figuras a las filas de la selección para unirse y potenciar el nivel de su país, sus respectivas ciudades se complementan de la misma manera.
Sus duelos se dan en todas las variantes habidas y por haber: El Parque del Retiro por un lado, el Park Guell por el otro. El Bernabéu y el Camp Nou, la arquitectura modernista y los palacios y arcos de entrada a las ciudades. Son tan distintas que, al final, terminan asemejándose. Cada una con su historia, sus atractivos y sus estilos. Si una tiene un mercado desfachatado y grande como La Boquería en Barcelona, la otra debía de levantar el suyo más pulcro y ordenado como es el San Miguel en Madrid.
Sin importar cómo se llegue a cada ciudad, en algún momento de su estadía seguramente pasen por sus “puertas” emblema. Alcalá nos da la bienvenida en Madrid. El Arco del Triunfo hace lo propio en Barcelona. Y, aunque seguramente ninguna de las dos se lleve nuestra mayor admiración, se llevarán parte de nuestro tiempo y algunas fotografías. Todo gracias a ese no sé qué que nos producen los viajes.


Gaudí también le dejó a Barcelona dos joyas que siguen siendo atracción para muchísimos visitantes: La Casa Battló y La Pedrera. El arte en su máxima expresión. Las curvas, el mármol, los colores, la madera, todo allí cumple su rol y es parte de la magia que se produce una vez adentro. Madrid, por su parte, puede hacer alarde de sus dos grandes bitácoras del arte: El Reina Sofía y Museo Nacional Del Prado. En el primero se exhibe, ni más ni menos, que el mítico cuadro “Guernica” de Pablo Picasso.

Por increíble que parezca, a veces la diferencia se hace notoria hasta en el caminar: La Rambla de Barcelona es un clásico en sí mismo como también lo es la Gran Vía madrileña. Si bien las dos se abarrotan de gente una nos hace sentir como verdaderos turistas mientras que la otra nos inserta en el ritmo de lo cotidiano.
Toda gran ciudad tiene un espacio al aire libre que funciona como epicentro. Estas dos no escapan a la norma. En la Plaza Mayor y la Plaza Catalunya (en Madrid y Barcelona respectivamente) cada día se reúnen miles de personas, ya sea a fotografiarse y pasear por sus alrededores o a modo de punto de encuentro.
En Madrid, el Palacio Real. Majestuoso y modesto al mismo tiempo, es un imperdible de la ciudad. A Barcelona, en cambio, se le da más por los templos religiosos. La Sagrada Familia es su emblema, su máximo ícono. Un delirio de figuras, colores y juego de luces que hacen de esta Basílica un lugar único en el mundo


Por último, cada una de ellas tiene un sitio de interés tan próximo como ajeno. En la capital catalana: Montjuic. Esta montaña de apenas 173m alberga su propio barrio, donde se encuentra además el castillo que lleva su nombre. Desde allí, al nivel de los cañones, se puede ver el puerto y el Mar Balear en todo su esplendor. Sus jardines embellecen aún más el lugar, que tiene su apogeo cuando su fuente monta un show de aguas y luces sin igual. Pero Madrid también cuenta con un as bajo la manga. En Toledo conviven las calles adoquinadas y las ruinas con las cadenas de comida rápida y las casas de souvenirs. La religión, la historia y el capitalismo, en pocas ciudades se combinaron de tal forma. A Toledo todo le sienta bien.

Toledo 
Montjuic
Cuando cae el sol, en una todos se citan en la playa. En la otra, se aglomeran en bares a practicar un curioso ritual culinario: Ir de tapas. Después, por qué no, asistir a algún teatro. Sea cual sea el plan el fin es el mismo: pasárselo bien.
España es tan grande y tan acogedora que, aunque se esté de visita, uno termina sintiéndose como en casa.





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