Contrastes

Llegás a uno de los países con más contagios del mundo. De hecho, tu vuelo fue uno de los últimos en llegar a una capital desolada a raíz de los casos que no paran de aumentar. Pasaste los primeros 15 días tan orgulloso como asustado de tu decisión. Cada día que despertabas y te sentías bien era uno menos en la posibilidad de que se presente algún síntoma. Es raro. Hiciste 10.000 kilómetros para estar encerrado en un departamento. Pero lo disfrutas. Tomaste una decisión importante y estás ahí, esperando el momento de poder alcanzar lo que soñaste. Día tras día las noticias y los números son más drásticos y tratas de mantenerte al margen, entretenido con alguna serie, curso online o simplemente con la rutina diaria de las 4 -o más- comidas. Cada tanto, llega ese esperado momento de salir en busca de llenar alacena y heladera y, aunque te asusta, te seduce. Salir te hace sentir vivo. Aún cuando representa un riesgo, lo tomas con gusto

Lista de compras, plata, barbijo. Llegás a la esquina del supermercado más cercano y ya podes ver la cola doblando la esquina. No tenés otra cosa que hacer. De una manera u otra, perder el tiempo es todo. Hay quienes respetan los dos metros mientras que otros, claramente, no saben o no quieren calcular. La fila avanza. No vas a entrar sin que el chico que acompaña al padre se vuelva intensamente insoportable pidiendo y mostrando cosas que están tan cerca tuyo como la posibilidad del contagio. Pero pasa, todo pasa. Es tu turno. Miras constantemente a la persona que está a cargo de los ingresos al supermercado a ver si hace una pequeña señal que te invite a avanzar. Nada. La pausa más larga es la tuya. Obvio. Cuando tus anteojos no pueden estar más empañados esa persona te señala y te llama para pasar. Nunca fue tan difícil pornerse unos guantes descartables como aquellos que están en la entrada. Una vez adentro del supermercado, todo pasa rápido. Todos se miran, se miden. Tantas cosas nuevas, otras disposiciones, pero aunque parezca mentira, parece no haber tiempo. Volvés tan cargado como transpirado e incómodo. No ves la hora de que aquello que deseaste tanto quede atrás. Una vez adentro desinfectás todo como si eso realmente te convenciera y te conformas con ver la heladera y las alacenas un poco más llenas. Y de nuevo a contar

Series, los cursos por la mitad, las comidas. Días que sí, días que no… Cuando te querés dar cuenta llevas más de 40 y la cosa sigue. Te sentís insignificante, tirado en el sillón un tercio del día mientras pensás que en ese mismo momento hay quienes están viviendo algo mucho más interesante. O arriesgado. O chato. Hay de todo. Eso, aunque parezca mentira, te reconforta un poco. No querés ser el médico que se juega la vida a cada minuto, pero sentís que su vida ya valió la pena por colocarlo en la situación que hoy se encuentra. Ni hablar de aquellos que corren tras la vacuna que acabe con todo esto. O de quienes toman decisiones que repercuten en miles y miles de personas que solo esperan que todo pase. Vos, en cambio, seguís en el sillón. Escribiendo una crónica no muy optimista, quién sabe con qué objetivo. Querés darle un cierre, un rumbo

No querés que pase con tus palabras lo mismo que está pasando con tu vida mientras una pandemia te congeló un sueño. Entonces decidís no esperar más. Tus palabras pasan a ser tu camino. Y algún día, seguramente, salgas del sillón y lo que hagas será tu próxima historia. Más sencilla, quizás. No es fácil viajar desde el sillón de un departamento. Pero tampoco lo fue tu primer decisión. Dejaste todo por un viaje que hoy es una incertidumbre. Quién sabe cuándo acabará esto. Lo cierto es que la incertidumbre es la que reina mientras la esperanza espera agazapada. Las palabras rebotan en tu cabeza tratando de encontrar su lugar. Por fin pudiste poner algunas donde creés que van. Así como el arroz en la alacena o los huevos en la heladera. El orden no va con esta cuarentena. Va el tiempo y éste pasa. Respiras profundo. Así como dejaste tu país hace casi un mes y medio atrás, estas palabras son tu primer paso. El siguiente, ojalá, te encuentre sin mayores restricciones. Tal vez en ese viaje que tanto deseaste y que hoy no sabés si sucederá. La vida misma. Mientras, le buscás la vuelta. Movés las palabras, movés los pasajes. Te tomás tu tiempo, tus mates. La cuarentena es, sobre todo, contrastes. Como la vida y las palabras.

Mauro Vella
@elmundoapie.travel

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