Montpellier (¡llegamos a La France!)

Habiendo ya recorrido unos cuantos lugares en España, era hora de cruzar la frontera y empezar a vivir lo que realmente vinimos a buscar: trabajar y viajar en Francia. Por eso, en julio, subimos a un micro que nos llevaría a nuestro próximo destino.

*Si querés ver más fotos de Montpellier, seguí este enlace a nuestras historias destacadas en Instagram.

Las vueltas de la vida (llámese covid 19) hicieron que no sea Niza como lo habíamos planeado y, un poco por casualidad y otro poco por la magia de las redes sociales, llegamos a Montpellier.

Place de la Comedie

Allí, donde al principio las expectativas no eran demasiadas, terminamos experimentando grandes aventuras y conociendo personas e historias difíciles de olvidar

14 de julio, día de la independencia.

El 11 de julio fue el día en el que empezamos a sentir el cambio: llegar a un país donde el idioma es otro no es poca cosa y menos si las costumbres son tan distintas a las del anterior, donde habíamos pasado casi 4 meses.
Lo primero que uno deja atrás es el mate (sobre todo porque ¡nos olvidamos el nuestro en Argentina!). Si en España ya es cara la yerba, en Francia es un despropósito. Así que si no sos un enfermo del mate o no lo extrañas demasiado como para gastar 6.5 euros en medio kilo, te volcás más por el café o el chocolate caliente. La carne es otra de las cosas de las que uno empieza a prescindir: primero por el precio y luego porque los cortes que se ven por lo general no son de los más atractivos. Pero ojo, no todas son pálidas. La variedad de quesos, vinos, el croissant y/o pan de chocolate, entre tantas otras delicias, hacen que uno se olvide un poco de aquellas que le faltan.

Arco del triunfo

Volviendo a Montpellier, aunque es una ciudad chica tiene una diversidad cultural muy grande: hay barrios donde la comunidad árabe predomina y allí es donde uno puede sentir (al principio) una cierta incomodidad. Ahora, una vez que uno se acostumbra a hacer la suya, todo fluye. La comunidad Latina también es muy grande, por lo que siempre encontrarás con quien tomar un mate/birra y alejarte un poco del francés

Cuando pensás en emigrar te dicen que no te juntes con gente que hable tu idioma, para poder mejorar el local. Es cierto que no aprendes más francés si te juntas con argentinos. Pero en los momentos en los que sentís que no va, que no tendrías que haber viajado, o simplemente en los que extrañas un mate o estar entre amigos los que te van a entender son los que están en tu misma situación. No vas a aprender más de gramática, pero seguro vas a conseguir algún contacto o recomendación para empezar a laburar y siempre vas a tener a alguien para pedir un consejo sobre este nuevo mundo. 

Rue de l’ancien courrier

¿Cuántas veces hemos escuchado que los franceses no quieren que les hables inglés o que si pedís ayuda miran para otro lado? La referencia parisina a veces nos asusta pero en Francia es como en cualquier país: en las diferentes regiones la gente es distinta. En Montpellier siempre hubo una mano cuando la necesitamos; gente que te ayuda casi sin conocerte a encontrar un lugar donde vivir, que con tal de saber más de vos rebuscan en su cerebro frases en español que aprendieron en el colegio o algunos que hablan tan bien tu idioma que no tienen problema en hablarlo un día entero para hacerte sentir cómodo. Un trabajador que te levanta en la ruta (sin haberlo pedido) para acercarte adonde ibas o un chofer de micro que se te pone a hablar de fútbol y te enseña que la consonante al final de la palabra no se pronuncia.

Desayunos y meriendas en el Peyrou, el tram hasta el lago o la playa, una escapada a Sète y otra al Puente del Diablo, bicicleteadas a las 5 am antes de ir a trabajar, tres mudanzas y caminantas entre las viñas para volver a casa después de una fiesta.
Resumiendo; esta ciudad fue un buen comienzo para procesar cambios y asentarnos aunque sea por un rato.

El verano se acababa y con él la temporada de trabajo. Pero, como «cada final es un nuevo comienzo» juntamos nuestras cosas (que cada vez son menos) y nos pusimos en marcha.
Francia no se va a recorrer sola.

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