Cuando uno empieza a preparase para la vida de viajero, lee todo tipo de blogs, páginas webs, foros… todo lo que cuente sobre experiencias y cómo sobrevivir a tanto tiempo de viaje.
Nosotros también lo hicimos, y así es como aprendimos que hay una forma de viajar sin gastar todo el dinero que (al menos para los argentinos) seguro nos tomó un año o más en ahorrar.
Trabajar por casa y comida (a lo que generalmente se le llama “voluntariado”) es la opción de la que hablamos si tenés pensado un viaje largo. Gente que necesita una mano en su casa se une con personas como nosotros, que estamos dispuestos a ayudar y necesitamos un lugar donde dormir y algo que comer. 4 o 5 horas por día 5 días a la semana. El intercambio es simple, pero termina siendo mucho más que sólo eso. Haciendo voluntariados no solo vas a aprender un nuevo oficio sino también conocer gente local, compartir experiencias, aprender un idioma y crear vínculos.
No importa si ya estuviste haciendo investigaciones o si sos nuevo en esto de vivir viajando. Seguramente hayas escuchado hablar de worldpackers o workaway. Estas son las dos plataformas más conocidas de intercambios por el mundo. En ellas vas a encontrar todas las ofertas que hay disponibles y hasta podes filtrar por país o región. Incluso hay ofertas en las que, a demás de ofrecer casa y comida, también se ofrece un “mini” salario en función de las horas trabajadas.
Las páginas están muy bien hechas y son seguras. Tanto los “hosts” (anfitriones) como los voluntarios están puntuados y tienen referencias para que puedas elegir tranquilo.
Las inscripciones a estas paginas son pagas y el precio es accesible. La membresía dura un año (por la pandemia las extendieron a un año y medio) y te permite contactarte con todos los host que quieras.
Como ya hemos contado, vinimos a Francia en julio con una visa Working Holiday que nos permite estar y trabajar legalmente en el país por un año por lo que no teníamos esa necesidad de trabajar a cambio de casa y comida. Pero nuestra idea era movernos por Francia y poder conocer todos sus rincones. Y trabajar implica instalarse, pagar un departamento, la comida del mes y buscar y encontrar trabajo, por ende, gastar mucho dinero hasta asentarse.
Así que descubrimos en los «voluntariados» una manera de hacer lo que queríamos: viajar sin gastar nuestros ahorros.
Pero sin gastar nuestros ahorros también implicaba evitar pagar la inscripción a una página para encontrar un voluntariado. ¿Cómo? muy fácil, celular o computadora en mano y a entrar en lo que, para nosotros, es nuestro mejor amigo viajero: el Facebook. Es que aunque haya quedado medio relegado en el día a día, Facebook tiene 2.400 millones de usuarios, es decir, la mayor comunidad en redes sociales. Por lo que tiene grupos de lo que se te ocurra y para todos los gustos. Y si, también sobre voluntariados por el mundo.
Así dimos con Woofing français grupo en donde se unen voluntariados y voluntarios en Francia.
Woofing significa World-Wide Opportunities on Organic Farms (oportunidades en granjas orgánicas en todo el mundo) y, si bien gran parte de los ofrecidos eran en granjas (la permacultura está muy de moda al menos en Francia), en este grupo en particular se aplicaba a cualquier tipo de intercambio de trabajo por casa y comida.
Hicimos 4 woofings, todos arreglados por el grupo de Facebook. Hablamos por chat, nos pasamos los contactos y listo. Esto es lo que tiene de diferente con las plataformas que mencionamos antes. Facebook es gratis, pero no tenés el seguro ni el respaldo que ofrecen las páginas dedicadas a esto.
Ahora sí, nuestras experiencias de woofing.
El primero fue restaurando el techo de una casona vieja en Bandol, a 15 minutos de Marsella. Había que levantar todas las tejas y los escombros y colocar nuevas. El trabajo iba a llevar al menos 2 semanas pero nosotros arreglamos ir sólo por una.
La casa era de una pareja joven que la había heredado y la estaban restaurando para poder alquilarla. Era enorme, súper linda y hasta tenía una pequeña viña en la parte de atrás.

La casa 
La viña en el jardín (casa al fondo)
Este woofing lo compartimos con los hosts y otros dos “woofers” (voluntarios) y fue un súper intercambio. No sólo nos permitió seguir aprendiendo el francés (llegamos con muy poco vocabulario) sino que también conocimos un montón de lugares (alquilaron un auto esa semana para que todos pudiéramos movernos tranquilos). Nos presentaron a sus amigos, hicimos picnics y hasta ¡nos invitaron a una fiesta de disfraces!
La comida y el descanso nunca faltaron y la diversión tampoco. Fue realmente una gran experiencia que puso nuestra vara de woofing muy alta.

Nuestro segundo voluntariado fue en una granja de permacultura en Colomars, a 20 minutos en bus de Niza. Queríamos encontrar algo más cerca de la Côte d’Azur y este pareció perfecto. Dos semanas aprendiendo de permacultura y viviendo al aire libre.
Y sí que fue literal, nos tocó dormir en carpa (estaba aclarado en la publicación) en el medio de la granja. Nos despertábamos todos los días con el canto del gallo y las cabras que estaban por ahí.

En los 15 días que estuvimos sólo arrancamos hierbas y no mucho más. De permacultura sólo aprendimos el concepto y la hospitalidad dejó mucho que desear. La gente fue super amable pero no estuvimos cómodos al 100%. En un intercambio de trabajo por casa y comida la parte de la comida no puede fallar. Y acá sólo hasta el quinto día nos dieron desayuno.
Pero todo tiene su lado bueno y en este caso fue el bus que nos dejaba en Niza en 20 minutos. Todos los días después de trabajar (súper respetadas las 4 horas por día 5 días sobre 7) nos subíamos al colectivo y nos íbamos a disfrutar de la playa. Conocimos esa ciudad tan linda y hasta nos fuimos a Mónaco a pasar el día. De no haber sido por el temporal Alex que destruyó puentes, casas y rutas (sí pasamos un temporal en nuestra carpa) hubiéramos podido cruzar a Italia. Con los host conocimos Saint Martin Vésubie donde nos llevaron a buscar champiñones.
No fue la mejor experiencia pero nos quedan las anécdotas y las risas.

El tercer woofing fue en la cosecha de azafrán. Un mundo que no conocíamos para nada pero que fue super interesante descubrir. Esta vez nos fuimos para el noreste de Francia (Les Paroches para ser exactos) y también nos quedamos 2 semanas.
Este fue especial porque de los 15 días que estuvimos 7 no trabajamos y los otros 7 trabajamos hasta 12 horas por día. Explicamos: el azafrán sale de una flor y hasta que no florezca no se trabaja. Durante la primer semana no hubo flores pero para la segunda llegamos a recolectar más de 150.000.
Lo «legal» para los voluntariados es trabajar, como ya explicamos, 4/5 horas por día 5 días a la semana. En este hicimos mucho (MUCHO) más pero para nosotros fue una “compensación” entre la primera y la segunda semana. Claro que si las condiciones de un voluntarido no te gustan sos libre de irte. Y acá es cuando entra en juego ser un buen host y recibir a los voluntarios de la mejor manera. En Les Paroches estuvimos súper cómodos, los anfitriones son realmente amorosos, siempre nos trataron bien y se aseguraron de que estuviéramos contentos. La comida de otro nivel, nunca nos faltó nada. Es por eso que, en este caso, nosotros decidimos quedarnos.
La semana sin trabajo la aprovechamos a full. Paseamos en bicicleta, conocimos parques y nos fuimos hasta Luxemburgo.
El último pero no menos importante fue en La Ferrière, Rhône-Alpes (hacé click en el enlace para leer sobre nuestra vida en la montaña). Allá fuimos a ayudar a un hombre que vivía de su Gîte (en español, una casa en la montaña para alquilar). Habíamos decidido ir por un mes ya que se venía el invierno y con él la temporada de esquí en los alpes. Nuestra idea era hacer el voluntariado y buscar trabajo para quedarnos cuando abrieran las pistas. Pero el COVID hizo de las suyas y Francia entró en confinamiento. Lo que empezó por un mes terminaría siendo por el doble.
El terreno es tan grande y la casa tan vieja que habrá cosas para hacer al menos por unos cuantos años mas. Construimos muros en ladrillo, una cabaña de madera, pasamos días enteros haciendo cemento, limpieza, cocinando… todo lo que se te ocurra lo hicimos en la Gîte de l’Ancolie.

Levantando la cabaña 
Levantando la cabaña 
Levantando la cabaña 
Arena y cemento 
Muro de ladrillo
En los dos meses que estuvimos no faltaron caminatas, escaladas a las montañas, paseos en la nieve, conversaciones en francés, charlas interminables con gente que no conocíamos que terminó invitándonos a vivir en sus casas y hasta regalos de navidad. También hubo peleas, claro. Dos meses es mucho tiempo.
Las estaciones de esquí nunca abrieron, así que para fines de diciembre decidimos seguir nuestro camino y emprendimos un nuevo viaje (y por ahora el último) por Francia: nos íbamos a París a pasar año nuevo. Pero antes vino la navidad y tuvimos la suerte de pasarla en el medio de la montaña, viendo la nieve caer. Fue mágico y por eso siempre estaremos agradecidos.


Terminamos con los voluntariados y decidimos instalarnos solos por un tiempo. Aprovechar nuestro último tiempo en París y también intentar encontrar trabajo para ganar un poco de dinero.
Pero woofing es algo que vamos a seguir haciendo. No sólo nos permitió viajar por Francia sin gastar plata sino también conocerla desde otra perspectiva. Vivir con franceses, escucharlos, saber qué piensan y opinan de su país, aprender el idioma, aprender también nuevos oficios. Compartir con personas que nos han marcado en este viaje y en la vida.
Cada vez que hablamos de nuestras aventuras lo hacemos con una sonrisa. Incluso los momentos que no nos gustaron tanto quedan como anécdotas de un viaje increíble.
Sin duda fue un gran acierto.




















Maravilloso viaje y muy inspirador!! Planeo hacer algo parecido en Italia cuando se calme el Covid!
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Si! Es una experiencia genial! Ojalá puedas pronto 😁
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